Cien Lunas De Maíz
Miles de hombres y mujeres fueron obligados a abandonar sus hogares ante la atroz experiencia de la guerra civil salvadoreña. Sin apenas comida, medicinas, escuelas o ropa, los antiguos campesinos de Chalatenango vagaron durante ocho años por valles, quebradas y selvas, retrocediendo a una existencia primitiva y a un delirante estado de naturaleza. Durante ese tiempo, recogieron los frutos del bosque, utilizaron antiguos remedios indígenas para combatir las enfermedades y siguieron a predicadores ambulantes que, a la luz de pequeñas hogueras, en los espacios más inaccesibles, les hablaron de la justicia social y pronto llegaron a adquirir un papel mesiánico. Mientras tanto, las principales ciudades del país fueron testigos de masacres, asesinatos indiscriminados de manifestantes e incursiones nocturnas en busca de elementos subversivos. Cada mañana, una procesión de madres recorría los basureros para buscar a sus hijos entre los cadáveres. Sin embargo, los protagonistas de Cien lunas de maíz, a pesar del exterminio sistemático al que se ven sometidos, poseen un fondo de humanidad que no les será arrebatado, precisamente porque viven en el límite de lo humano y porque esperan, en algún rincón del futuro, un mundo mejor.
Indice:Sepha (colección Brújula